- El 21 de mayo de 1991 una columna de 40 terroristas de sendero luminoso ingresó a Huasahuasi, distrito de la provincia de Tarma para ajusticiar a dirigentes de la comunidad, entre los asesinados estuvo la religiosa australiana sor Irene McCormack.
El 21 de mayo del año 1991, un grupo de senderistas, integrado por, aproximadamente, 40 subversivos, ingresó a la plaza principal del distrito de Huasahuasi, en la provincia de Tarma, departamento de Junín, estos asesinos tenían la intención de ajusticiar so pretexto de un “juicio popular” a personalidades de ese distrito.
Precisamente este jueves 21 de mayo se recuerdan los 35 años de la matanza de la plaza de armas del distrito de Huasahuasi. Esta noticia conmovió al Perú y al mundo. La prensa de la época describía lo sucedido como un “atentado subversivo”. Además del asesinato de cinco personas, los senderistas quemaron el local de la municipalidad del distrito y realizaron pintas subversivas en las paredes de las viviendas y otras instituciones.
Los ajusticiados por los terroristas, aquel día fueron:
Irene McCormack: Misionera australiana de la congregación Hijas de San José, conocida por labor social, educativa y de apoyo a los niños y campesinos de la zona. Fue ejecutada de un disparo en la cabeza de la plaza de Huasahuasi tras ser acusada de “difundir ideas yankees” y distribuir ayuda.
La hermana Irene Mc Cormack, es recordada como una mártir de la paz. Sus restos descansan en un lugar especial en el cementerio de Huasahuasi, su memoria es honrada tanto en el Perú como en el mundo por su entrega a los más vulnerables.
Autoridades de la zona. El macabro cuadro se completó con el asesinato de Agustín Vento Morales, Alfredo Morales Terrones, Pedro Pando Llanos y Noé Palacios blancas, ellos fueron cobardemente ejecutados luego de ser obligados a arrodillarse. La población se vio obligada a contemplar estas escenas bajo amenazas.
Sin embargo, entre los años de 1989 a 1993, los terroristas de sendero luminoso ejecutaron a autoridades, campesinos, gente inocente cuyo único “pecado” fue no compartir sus ideas enfermizas. Tarma sufrió varios episodios de violencia extrema que obligaron a miles de pobladores a dejar sus tierras para evitar ser asesinados.