PESTE NEUMÓNICA. ¿QUÉ ES LA BACTERIA YERSINIA PESTIS Y CÓMO SE TRANSMITE?

Yersinia pestis es la bacteria que causa la peste. Fue identificada en 1894 durante una epidemia en Hong Kong por el médico suizo-francés Alexandre Yersin, de quien toma su nombre. Es la responsable de la peste negra, que a mediados del siglo XIV acabó con entre un tercio y la mitad de la población europea.

La bacteria vive de forma natural en roedores salvajes, como marmotas, ardillas terrestres o ratas, y pasa de unos animales a otros a través de sus pulgas. El ser humano se contagia sobre todo por la picadura de una pulga infectada, aunque también puede infectarse al manipular animales enfermos o, en el caso de la forma neumónica, al inhalar las gotitas que expulsa al toser una persona contagiada.

En Siberia y en la vecina Mongolia, la bacteria circula entre marmotas y otros roedores esteparios. Para vigilar estos focos naturales se creó en 1934 el Instituto Antipeste de Siberia y el Lejano Oriente, con sede en Irkutsk, al que pertenecía la trabajadora fallecida.

¿La enfermedad que provoca es habitual?

Según la Organización Mundial de la Salud, cada año se notifican entre 1.000 y 2.000 casos de peste en el mundo, aunque la cifra real probablemente sea superior. La mayoría se concentran en África, sobre todo en Madagascar y en la República Democrática del Congo, pero también

hay casos en Asia (Mongolia, China, Rusia) y en América (Perú y el suroeste de Estados Unidos).

Madagascar es el país con más casos del mundo. La peste es endémica en la isla y suele reaparecer cada año entre agosto y abril. En 2017 sufrió un brote excepcional, con unos 2.400 casos y más de 200 muertos. Lo inusual fue que la mayoría de los contagios fueron de peste neumónica y que se produjeron en ciudades como la capital, Antananarivo, lo que facilitó la transmisión entre personas. El brote se controló gracias a los antibióticos y al seguimiento de los contactos.

¿Cómo se presenta?

La enfermedad provocada por la bacteria Yersinia pestis puede aparecer de tres formas:

Bubónica. Es la más frecuente. La bacteria se aloja en los ganglios linfáticos, que se inflaman y forman los llamados bubones. Es la misma que provocó la peste negra.

Septicémica. La bacteria invade la sangre. Es menos habitual y más grave.

Neumónica. La infección afecta a los pulmones. Es la más peligrosa y la única que se transmite directamente de persona a persona, a través de la tos.

¿Qué es la peste neumónica?

La peste neumónica es la forma más grave y virulenta de la peste. Puede aparecer de dos maneras, como complicación de una peste bubónica o septicémica no tratada, cuando la infección se extiende hasta el aparato respiratorio; o de forma directa, al inhalar las gotículas que expulsa al toser una persona enferma.

Esa capacidad de contagio entre humanos es lo que la convierte en la variante más preocupante desde el punto de vista de la salud pública. Su periodo de incubación es muy breve, en algunos casos de apenas 24 horas, y se manifiesta con debilidad y una neumonía de evolución rápida, con dificultad para respirar, dolor torácico, tos y esputos acuosos o con sangre. Sin tratamiento es prácticamente mortal en todos los casos, y puede matar en un plazo de 18 a 24 horas desde la aparición de los primeros síntomas.

¿Tiene tratamiento?

Sí. La peste neumónica se cura con antibióticos comunes si se trata a tiempo. El problema es la rapidez con la que se desarrolla. Sin tratamiento, la forma neumónica es casi siempre mortal. Por eso es clave el diagnóstico precoz y el aislamiento de los contactos del paciente.

«Según datos históricos, algunos manuales le atribuyen una mortalidad del 100% sin tratamiento (…) Se puede tratar con antibióticos, sobre todo si el tratamiento empieza pronto. Por eso, a cualquier persona con una posible exposición de alto riesgo se le puede ofrecer profilaxis posexposición con antibióticos o cuarentena», explica al portal científico Science Media Centre Malick Gibani, profesor clínico asociado de Vacunología Bacteriana en el Imperial College de Londres.

¿Puede convertirse en una nueva pandemia?

Paradójicamente, esa gran agresividad limita su capacidad para provocar una pandemia. El enfermo empeora tan rápido que apenas tiene tiempo de relacionarse con otras personas. Además, no contagia antes de mostrar síntomas y la transmisión exige un contacto estrecho. Por eso, aislar a los enfermos y dar antibióticos a sus contactos suele bastar para frenar un brote, aunque en entornos de hacinamiento y sin atención médica sí que puede causar epidemias graves.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera por ahora «muy bajo» el riesgo sanitario en Europa. «La evaluación inicial del riesgo realizada por la OMS, basándose en la información disponible, estima que éste es ‘entre moderado y bajo’ en Irkutsk, ‘bajo’ para Rusia en su conjunto y ‘muy bajo’ para Europa», ha indicado este martes el portavoz de la agencia Christian Lindmeier.

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